Rajoy por la independencia de Cataluña

Estamos hartos ya de encender el televisor y ver continuamente un debate ficticio sobre la independencia de Cataluña. Los problemas que percibimos a diario a nuestro alrededor son la falta de trabajo, la precariedad laboral, los sueldos de miseria, los recortes en pensiones, sanidad y educación, el cierre del comercio tradicional y de la empresa nacional. Esos son los verdaderos problemas de los ciudadanos.

El PP, como ya ve claro que no puede ganar las elecciones, está lanzando continuamente mensajes en todos los medios de comunicación, que controla por cierto, de que los catalanes van a “romper España”. Esta publicidad no la hacen los independentistas catalanes, sino el Partido Popular. Con ello, sus líderes, pretenden amalgamar a esos seguidores que están perdiendo. Es síntoma de anemia política la escasez de clichés electorales exitosos: ya no se puede hablar de ETA, ni de herencia recibida. Sólo queda “romper España”. Por cierto, ¿se han fijado cuanto se parece la dialéctica actual del PP (y de C's) a la del franquismo (romper España)?

Realmente, si este tema se tratara con la importancia real que tiene, tendría muy poco espacio en los medios de comunicación y el problema “nacional” estaría resuelto: el independentismo sería un movimiento minoritario a pesar de su importancia.

Pero las malas espectativas electorales han empujado a Rajoy a usar su último cartucho, convirtiéndole en el  mayor independentista de Cataluña. Tan es así que los principales beneficiados de este circo pretenden ser el hiper-nacionalismo españolista del PP (al que se une ufano Ciudadanos) y el nacionalismo catalán (emulsión de dos tendencias políticas antagónicas de imposible comprensión, la nacional-neoliberal CDC y la nacional-socialdemócrata ERC).

Así que, en Cataluña, en las próximas elecciones autonómicas, veremos dos candidaturas hiper-españolistas (PP y Ciudadanos), dos candidaturas independentistas: Tots pel Si y CUP, dos partidos desprestigiados PSC y UDC y la candidatura por la defensa de lo común: Catalunya si que es Pot.

Basándonos en la famosa teoría del centralismo político de Mariano Rajoy, tendríamos los dos extremos: nacionalistas catalanes y nacionalistas españoles. Ambos dejan de lado las propuestas para salir de la crisis (hacer lo mismo que hasta ahora parece no ser el camino adecuado) y se basan en defender su bandera y una bandera sin contenido es un trozo de tela.

En este caso es evidente, que la candidatura más centrada y con visos de un fuerte apoyo popular sólo puede ser Catalunya sí que es Pot, la única que centra su discurso en los temas importantes de las personas: su bienestar social y económico y no en el manoseado independentismo. Es la única cuyo programa se enfrenta a la austeridad neoliberal. Es, además, la única candidatura que persigue devolver lo común a la ciudadanía, sus derechos fundamentales como educación, sanidad o poder decidir su futuro y una modificación de los conceptos económicos y sociales que permitan sacar a Cataluña de su crisis institucional, económica y social. Todo lo demás es tinta de calamar.