La Tortuga y la pirámide truncada

por Javier Ávila

La evolución de las asociaciones (políticas y sindicales o, incluso, patronales) ha sido, básicamente, la misma.
 
Al principio un grupo de personas reducido madura una idea o proyecto. En este proceso, igual que en cualquier sistema piramidal, comienzan a introducirse más personas por la base. Así se va encumbrando a aquellas primeras personas promotoras. Si el proceso tiene éxito, cada vez más personas se incorporan, con lo cual los líderes iniciales están cada vez más altos y la pirámide organizativa es cada vez más grande.

En un momento del proceso los primeros toman conciencia de su capacidad de liderazgo llegando, en muchas ocasiones, a adquirir dosis crecientes de soberbia y engreimiento.

Es entonces cuando la cúpula empieza a coger miedo a perder los privilegios adquiridos y decide protegerse formando un caparazón. Será la génesis de la tortuga: los líderes del grupo, protegidos por su caparazón burocrático y nepótico, se aferran a los puestos adquiridos y dificultan al resto participar democráticamente en el grupo. La organización se convierte en el engranaje de un pequeño grupo cerrado, de funcionamiento muy lento, que impide todo progreso y reacción rápida y lógica frente a los problemas de la comunidad.

Aún así el compromiso adquirido por las bases permite seguir manteniendo la pirámide, si bien comienza a producirse un distanciamiento entre cúpula y base cuando aquella va perdiendo el contacto con los problemas diarios de los ciudadanos. Los ciudadanos de base (militantes y votantes) comienzan a ver truncadas sus expectativas de buen gobierno y mejora social, pierden su mentalidad de grupo y la necesidad del trabajo e implicación individuales, abandonando el grupo y produciendo su disgregación. Este proceso acaba produciendo una rotura de la pirámide, separándose una pequeña pirámide de líderes de la pirámide, truncada, de la base. Con el tiempo solo pervive nítidamente la pirámide de la cúspide, la tortuga aferrada a sus privilegios; cúspide piramidal que va perdiendo su sustento y debilitando la asociación que puede acabar desapareciendo.

Este proceso, que ya se ha producido en todos los partidos tradicionales, sindicatos y organizaciones patronales, es mucho más lento si la organización cuenta con publicidad y redes clientelares. Será mucho más rápido en aquellas organizaciones que no cuenten con dichas herramientas, de ahí la rapidez por buscar el favor de los medios de comunicación y el establecimiento de relaciones personales con un grupo reducido de colaboradores premiados con algunas prebendas.

Las viejas organizaciones deben ser concientes y democratizar sus procesos, algo extremadamente difícil debido a la inercia de la tortuga.

Las nuevas organizaciones deben tener esto muy en cuenta si no quieren caer rápidamente en el mismo proceso. La población, por su experiencia anterior, está ya está avisada de estos comportamientos y no tolera caer de nuevo en el mismo error.

La única manera de evitar la formación de la tortuga es mejorar la participación de las bases en las decisiones, que deben ser colectivas, y permitir una permeabilidad continua de personas de abajo a arriba y de arriba a abajo de la pirámide. Este comportamiento es el verdaderamente revolucionario, especialmente en el segundo caso. ¿Sabrán las nuevas formaciones entenderlo?