No queremos ser Venezuela

por Carlos Isla

Si nos preguntan en cualquier momento si quisieramos estar como en Venezuela, casi todos los españoles diríamos que no, en línea con la machacona publicidad de televisiones y prensa tradicional, toda en manos de los llamados mercados o grandes capitales.

Nosotros no queremos estar como en Venezuela, un país del tercer mundo que lucha por escapar de ese estigma y que ha ganado posiciones en los últimos años con una mejora de la distribución de la renta, de la sanidad y educación públicas, así como de los derechos sociales, con una tasa de paro, por ejemplo, del 8% o un IVA del 9%.

Nosotros no queremos ser Venezuela. No queremos que presidentes como Rajoy realicen recortes sociales en base a las políticas de instituciones no democráticas dominadas por los mercados como el FMI, BCE o presidentes de otros países, hasta que la hambruna llegue al pueblo español, como ocurrió con el bipartidismo venezolano de los años 80 y 90.

No queremos, tampoco, que cuando el pueblo español descabalgue al caciquismo político, Rajoy, Aznar, Felipe González, Pedro Sánchez o Susana Díaz se unan en una coalición que defienda al gran capital y salga a la calle a soliviantar a las masas con violencia y pidiendo un golpe de Estado que les restituya en el poder perdido, como lleva ocurriendo en Venezuela desde 1998, cada vez con mayor insistencia.

No queremos que empresas como Mercadona, Eroski o El Corte Inglés que dominan la distribución del país, escondan los productos de primera necesidad para que la escasez induzca a las manifestaciones, la violencia y el derrocamiento del presidente democráticamente elegido, algo que en Venezuela está a la orden del día con Polar.

No queremos ser un país que dependa de las importaciones para satisfacer las demandas esenciales de su población, de modo que la economía nacional esté sometida a los caprichos de multinacionales. España y Venezuela son países netamente importadores, pero Venezuela está invirtiendo en soberanía económica para salir de esa situación.

No queremos, como en Venezuela, que la libertad de prensa sea una pantomima porque el 90 % de la prensa escrita y el 70 % de la televisada pertenezcan a grandes corporaciones multinacionales como Antena 3 o El País, con fuertes lazos con el capitalismo tradicional, y se alíen contra el gobierno salido de las urnas, intentanto dirigir su política en función de los intereses empresariales. Algo que en España no ocurre porque Gobierno y patronal informativa navegan en el mismo barco.

No queremos, tampoco, que, como ocurre en Venezuela, los funcionarios policiales que se excedan en sus cometidos sean sancionados. En España son premiados y ascendidos.

No queremos, en fin, que los líderes opositores interpelen continuamente a sectores radicales de la sociedad civil y militar para que se levanten violentamente contra el gobierno salido de las urnas y sean arrestados por ello.

No, visto lo visto, no queremos ser Venezuela.