Venezuela, guarimbas y guerra no convencional

por Carlos Isla

Todos los imperios intentan mantener su supremacía económica por todos los medios, incluida la violencia. El caso de Estados Unidos ha sido paradigmático, pues sus manifestaciones públicas de adalides de la libertad y la democracia no casan con los hechos. Durante el siglo XX han sido innumerables las veces que el gobierno estadounidense ha ordenado golpes de Estado por todo el mundo para colocar gobiernos de confianza. Esta presión político-militar ha sido mayor aún en Latinoamérica. Por poner un ejemplo, el “demócrata” Kennedy ordenó 9 golpes de estado en los tres años que gobernó.

Las cosas han cambiado muy poco, aunque los métodos se han sofisticado. Venezuela es uno de los países del mundo que mayor presión recibe por parte de Estados Unidos y sus acólitos europeos.

Tras la abultada victoria electoral, en 1998, del Movimiento V República de Hugo Chávez contra el ya coaligado bipartidismo (y sus sucesivos éxitos electorales, 17 de 18 en 15 años), EE.UU. y las fortunas venezolanas comenzaron un proceso de oposición violenta. Primero, siguiendo los pasos contra Chile de Allende, un boicot empresarial y violencia callejera que desembocaron en el intento de golpe de Estado de 2002 y que fracasó por las manifestaciones ciudadanas de apoyo al gobierno electo y el posicionamiento de parte del Ejército en contra. El boicot empresarial se agudizó provocando desabastecimiento y necesidad en la población. Fue superado gracias a la organización popular y a las medidas del gobierno Chávez de apoyo a los necesitados y a la creación de una incipiente economía nacional.

Al mismo tiempo, la guerra monetaria ayuda a crear incertidumbre en la población. Por un lado el acaparamiento de productos por los propios distribuidores en régimen de cuasi-monopolio permite la fijación de precios unilateral y, por tanto, el aumento desmesurado de precios, aunque la inflación actual del 50 % aún se halla lejos de la sufrida en los últimos gobiernos del bipartidismo. Por otra parte, la financiación por parte de EE.UU. de mercados negros de moneda pretende hundir el cambio oficial y coadyuvar al aumento incontrolado de la inflación. Al tiempo, permite blanquear el dinero de la droga colombiana (principal aliado en la zona) en su camino hacia el principal consumidor: EE.UU.

La guerra “no convencional” de Estados Unidos contra Venezuela ha sido constante, con fases de agudización y suavización. Por los pocos frutos obtenidos, Estados Unidos y la oligarquía venezolana decidieron, aprovechando la muerte de Hugo Chávez, iniciar una nueva escalada violenta. Primero fue la denuncia de fraude electoral contra Nicolás Maduro, desmentida por el Tribunal Supremo y organismos internacionales (como la Fundación Carter o diputados españoles de todos los partidos) al tiempo que la oposición se declaraba en rebeldía inundando de violencia las calles con muertos, heridos y numerosos destrozos de edificios públicos, como colegios o centros médicos (lo que ya dice mucho de sus intenciones). La crisis fue conducida por el Gobierno sin el recurso a la violencia y la represión, lo que determinó el fracaso del intento desestabilizador. La instalación de guarimbas (barricadas con objetivo de crear caos, no de defenderse) en algunas ciudades dominadas por la oposición bipartidista neoliberal y la entrada de mercenarios de El Salvador y Colombia para alimentar la violencia paralela con asesinatos indiscriminados ha sido una nueva fase de esta guerra. Pero esta estrategía disgustó al 87 % de los venezolanos.

Su objetivo secundario de producir la desestabilización interna de Venezuela vía desaprovisionamiento de bienes de primera necesidad como aceite o papel higiénico intentaba enmascarar el objetivo principal: la intervención internacional (incluso por medio de la guerra). Así, eran más importantes las manifestaciones y presiones producidas en EE.UU. y Europa que la situación real del país. En España, tanto PP como PSOE atacaron duramente a Nicolás Maduro y Nuevas Generaciones del PP intentó mediatizar la lucha contra “la dictadura asesina venezolana” con la organización de manifestaciones en muchas ciudades. De nuevo, la suave reacción no represiva del gobierno Maduro y la falta de seguimiento de las poblaciones occidentales han determinado su fracaso.

Pero la clave de este fracaso, además de la gestión no violenta de las crisis por parte del gobierno venezolano, es el apoyo internacional al proceso democrático venezolano. Venezuela, gracias al proceso de reacción contra el neoliberalismo impuesto por el FMI y EE.UU en Latinoamerica durante la segunda mitad del siglo XX, cuenta con el apoyo de países como Brasil, Argentina, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Cuba, Uruguay, etc, (Paraguay y Honduras fueron apartados por sendos golpes de Estado, político el primero y militar el segundo, patrocinados por el gobierno norteamericano) además del apoyo de asociaciones internacionalistas a nivel mundial (como el Comité de Solidaridad Internacionalista). Los primeros llegando a acuerdos comerciales propios a través del ALBA o Mercosur o políticos como la CELAC que les proporcionan independencia política y económica y los segundos a través de la información distribuida sobre el verdadero proceso político revolucionario en América Latina, combatiendo la intoxicación mediática de los grandes medios de comunicación privados (o públicos en manos del bipardismo).

Todo este proceso tiene un claro efecto negativo. La guerra económico-mediática está provocando la pérdida de muchas oportunidades económicas a los países mencionados que podrían haber progresado, todavía más, en igualdad y justicia social.

Mientras tanto, la guerra no convencional o guerra psicológica de cuarta generación continúa. La bajada del precio del petróleo es una estrategia estadounidense para hundir los ingresos nacionales de tres países enemigos: Irán, Rusia y Venezuela. Pero esta estrategia, si se alarga, perjudicará a otros países productores como Arabia Saudita y al propio EE.UU., ya que su industria del fracking entra en quiebra por debajo de los 70 $/barril. ¿Podrá EE.UU. soportar mucho tiempo esta estrategia? Parece que asistimos a un desplazamiento del bloqueo económico desde Cuba hacia Venezuela. El alineamiento de Venezuela con los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) le torga un respaldo político internacional de las economías emergentes pero, es cada vez más importante, el apoyo de las organizaciones políticas y solidarias occidentales