Ya tenemos gobierno

No, no está nombrado todavía, aún tardará.

El mismo 20 de diciembre, tras los resultados electorales, ya se sabía el nuevo gobierno. Bueno, ya lo sabían quienes tenían que saberlo; sólo faltaba dar las órdenes oportunas.

El día 21 ya predijo Julio Anguita que habría gobierno del PP con la abstención del PSOE. No estaba descaminado pero era muy fácil así y, sobre todo, muy peligroso para la continuidad de la estructura económica al servicio de las clases dominantes (grandes capitales, Troika, mercados o como queramos llamarlos).

¿A qué esperan entonces?

El problema no es si un gobierno continuista frente a otro reformista, esta opción no está contemplada, sino cómo explicar que tres partidos distintos e, incluso contrarios, en sus planteamientos apoyen un gobierno continuista. Aquí es donde juega un papel muy importante la dilación temporal.

Para que esta alternativa continuista, eufemísticamente autoproclamada “constitucionalista”, se imponga es necesaria la participación conjunta de PP y PSOE. C's tiene un papel secundario pero necesario en la trama. La cooperación de PP y PSOE es suficiente para gobernar, no les haría falta C's, pero estaría muy mal vista por sus militancias, podría llevar a la debacle del PSOE (tenemos  ejemplos como el de Grecia) y pondría en peligro la estabilidad del control de las clases altas sobre la sociedad. El papel de C's es el de muñidor de un pacto que debe presentarse como algo necesario para evitar el hundimiento de España y, esto, lleva mucho tiempo. La justificación ya ha sido hecha pública: no se puede gobernar con radicales que arruinarán el país o independentistas que lo fragmentarán.

Desde el principio Pedro Sánchez ha dicho una cosa y hecho otra. Ha prometido girar 180º la política nacional, algo posible con el apoyo de Podemos, UP, ERC, Compromis y PNV para la derogación de normativas antisociales como la Ley Mordaza, la LOMCE, la ley anti-ayuntamientos o las reformas laborales, por ejemplo. Pero todas sus actuaciones han ido en dirección contraria con los nombramientos de la mesa del Congreso, el compadreo con Albert Rivera, que ha repetivo varias veces que nunca apoyará un gobierno con Podemos, y los anuncios de no modificar las citadas normativas, por ejemplo, anulando cualquier iniciativa de cambio.

La participación de C's en un gobierno reformista es imposible ya que su programa económico es totalmente opuesto y su discurso anticorrupción ha sido desenmascarado con su obsesiva obstinación en formar un gobierno de “salvación nacional” junto con el PP, sobre el que planea una sospecha fundada de corrupción generalizada en toda la cúpula. Su participación en el gobierno de Andalucia con el PSOE está apuntalando la corrupción en la comunidad, algo que puede verse en la comodidad de Susana Diaz con esta situación en contraposición a la anterior alianza con IU que acabó dinamitando.

Si algo ha aprendido la clase dirigente es que bombardeando información en los medios de comunicación, a los que subvenciona, de modo continuo y persistente, acabará produciendo el hastío en la ciudadanía hasta el punto de que, primero, deje de interesarse por el tema (fase en la que estamos) y, después, permita cualquier gobierno con tal de acabar con la incertidumbre y el sufrimiento colectivo.

En este proceso un mal paso de Podemos podría llevar a nuevas elecciones si los poderes pudieran arrebatarle una veintena de diputados, algo improbable.

Por tanto, a la espera estamos de ver si finalmente tenemos un gobierno de PP con abstención de PSOE o de PSOE con abstención del PP. En ambos casos C's de socio necesario. Ya tenemos gobierno...en diferido.